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domingo, 2 de mayo de 2010

No lloren por Wall Street

Interesante como siempre este nuevo artículo de opinión del Premio Nobel de Economía en 2008, Paul Krugman, que hoy publica el diario El País.
02/05/2010 - PAUL KRUGMAN – en ElPaís.com
No lloren por Wall Street
La semana pasada, el presidente Obama fue a Manhattan, donde instó a una audiencia proveniente en gran parte de Wall Street a respaldar la reforma financiera. "Creo", afirmó, "que estas reformas son, en última instancia, no sólo lo mejor para los intereses de nuestro país, sino también lo mejor para los intereses del sector financiero".
Bueno, ojalá que no hubiese dicho eso; y no sólo porque realmente necesite, desde el punto de vista político, adoptar una postura populista, poner alguna distancia visible entre él y los banqueros. El hecho es que Obama debería estar tratando de hacer lo que es bueno para el país, y punto. Si hacerlo perjudica a los banqueros, qué se le va a hacer.
Es más aún, la reforma realmente debería perjudicar a los banqueros. Un conjunto cada vez mayor de análisis indica que un sector financiero excesivamente grande es perjudicial para la economía en general. Reducir ese sector excesivamente grande no hará feliz a Wall Street, pero lo que es malo para Wall Street podría ser bueno para Estados Unidos.
Ahora bien, las reformas que actualmente están sobre el tapete -y que yo apoyo- podrían terminar siendo buenas para el sector financiero, así como para el resto de nosotros. Pero eso se debe a que sólo abordan una parte del problema: harían las finanzas más seguras, pero podrían no hacerlas más pequeñas.
¿Cuál es el problema con las finanzas? Empecemos por el hecho de que el sector financiero moderno genera enormes ingresos y nóminas, pero proporciona pocos beneficios tangibles.
¿Se acuerdan de la película de 1984 Wall Street, en la que Gordon Gekko afirmaba que "la codicia es buena"? Según los criterios actuales, Gekko sería un pelagatos. En los años que precedieron a la crisis de 2008, el sector financiero representaba un tercio de los ingresos nacionales totales (aproximadamente, el doble de lo que suponía dos décadas antes).
Nos decían que estos beneficios estaban justificados porque el sector estaba haciendo grandes cosas por la economía. Canalizaba el capital hacia usos productivos; repartía el riesgo; mejoraba la estabilidad financiera. Ninguna de esas cosas era cierta. El capital no se estaba canalizando hacia los innovadores que crean empleo, sino hacia una burbuja inmobiliaria insostenible; el riesgo estaba concentrado, no repartido; y cuando la burbuja estalló, el supuestamente estable sistema financiero se hundió, con la peor crisis mundial desde la Gran Depresión como daño colateral.
Entonces, ¿por qué estaban ganando dinero a paladas los banqueros? Mi interpretación, que refleja los esfuerzos de los economistas financieros por encontrarle sentido a la catástrofe, es que principalmente apostaban con dinero de otra gente. El sector financiero hizo apuestas demasiado grandes y arriesgadas con fondos prestados -apuestas que fueron enormemente rentables hasta que fallaron-, pero fue capaz de conseguir préstamos baratos porque los inversores no comprendían lo frágil que era el sector.
¿Y qué hay de los tan cacareados beneficios de la innovación financiera? Coincido con los economistas Andrei Shleifer y Robert Vishny, que en un artículo reciente sostienen que gran parte de esa innovación consistió en crear la ilusión de seguridad proporcionando a los inversores sustitutos falsos de activos pasados de moda como los depósitos bancarios. Finalmente, la ilusión se vino abajo (y la consecuencia fue una crisis financiera desastrosa).
En su discurso de la semana pasada, por cierto, Obama insistió -dos veces- en que la reforma financiera no ahogará la innovación. Es una lástima.
Y ésta es la cuestión: tras recibir un duro golpe durante el periodo inmediatamente posterior a la crisis, los beneficios del sector financiero se están disparando otra vez. Parece muy probable que el sector volverá a jugar a los mismos juegos que nos metieron en este lío inicialmente.
De modo que, ¿qué tenemos que hacer? Como he dicho, apoyo las propuestas de reforma de la Administración de Obama y sus aliados del Congreso. Entre otras cosas, sería una pena ver que la campaña antirreforma de los dirigentes republicanos -una campaña marcada por una falta de honradez y una hipocresía asombrosas- triunfa.
Pero estas reformas deberían ser sólo el primer paso. También tenemos que reducir el tamaño de las finanzas.
Y no son sólo los detractores de fuera los que dicen esto (no es que los detractores de fuera críticos tengan nada de malo, ya que han acertado mucho más que los supuestamente buenos conocedores del tema; véase Greenspan, Alan). El Fondo Monerario Internacional ha hecho un llamamiento en favor de un impuesto sobre la actividad financiera -un FAT, o 'gordo', en sus siglas en inglés- que gravaría los beneficios y las remuneraciones del sector financiero. Un impuesto así, sostiene el fondo, podría "atenuar la asunción de riesgos excesivos". También podría "tender a reducir el tamaño del sector financiero", cosa que el fondo presenta como algo bueno.
El tema es que la propuesta del FMI es en realidad demasiado blanda. Aun así, si se convierte en una realidad, Wall Street va a estar que trina.
Pero el hecho es que hemos estado dedicando una parte demasiado grande de nuestra riqueza, una parte demasiado grande del talento del país, al negocio de diseñar complejos planes financieros y trapichear con ellos; planes que tienen cierta tendencia a destrozar la economía. Poner fin a esta situación perjudicará al sector financiero. ¿Y?
Paul Krugman, profesor de Economía de Princeton, obtuvo el Premio Nobel en 2008. © 2010 New York Times Service. Traducción de News Clips.
PD.: La imagen la he tomado de aquí

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Estado del bienestar no es un problema: es la solución, por Vicens Navarro

Traigo de nuevo a este blog un nuevo artículo de opinión del profesor Vicens Navarro. Como siempre un valiente ejercicio de compromiso, inteligencia y progresismo.
Este es el artículo:

El Estado del bienestar no es un problema: es la solución

VICENÇ NAVARRO, en ElPlural.com, el 02/11/2009

Existe un consenso casi generalizado por parte de las instituciones internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional a la Comisión Europea, de que es necesario continuar el estímulo económico, pues la economía mundial está todavía en baja forma. El punto de discusión no es, entonces, estímulo o no, sino el tipo de estímulo.

Las dos alternativas que se han propuesto son bajar los impuestos o aumentar el gasto público, aún cuando ambas alternativas signifiquen mantener o aumentar el déficit del estado. Durante este periodo de gran recesión, ha habido también consenso (con excepciones, como es el caso del Partido Popular en España) en que deben flexibilizarse las reglas del Pacto de Estabilidad, para poder aumentar el déficit público, el cual ha crecido en todos los países de la OCDE (el club de países ricos). La razón de que haya consenso en que la recuperación económica requiera un incremento del déficit público se debe al entendimiento de que, en un momento de debilidad del consumo privado, es necesario aumentar el consumo público, incluso a costa de aumentar el déficit público.

Menos consenso hay en cuanto al porcentaje del déficit público sobre el PIB que debiera permitirse y la rapidez de reducción del mismo una vez aparezcan los síntomas de recuperación. Y la otra área donde tampoco hay consenso es en si el efecto estimulante de la economía es mayor cuando se bajan los impuestos (como creen los conservadores y liberales) o cuando se aumenta la inversión pública. En la UE se ha hecho mayor hincapié en la reducción de impuestos; y en EEUU se ha dado prioridad al aumento del gasto público.


La evidencia muestra que mientras las dos alternativas activan la economía, la reducción de impuestos tiene, por lo general, menor impacto estimulante, y ello como consecuencia de que las familias están tan endeudadas que utilizan los fondos obtenidos a base de la reducción fiscal para pagar sus deudas, más que para consumir y estimular la demanda. En realidad, la subida del ahorro, que se ha considerado erróneamente como un signo de recuperación, no es más que el deseo de acumular fondos para poder pagar sus deudas en un momento de grave crisis y endeudamiento. En EEUU se sabe que dos terceras partes de los fondos originados por los recortes fiscales del Presidente Bush fueron a pagar las deudas. La evidencia existente apunta, pues, hacia el incremento del gasto público como la mejor manera de estimular la economía.

Ahora bien, dentro del gasto público, la pregunta que debiéramos hacernos es: ¿qué tipo de gasto público es el más estimulante? Y la respuesta a esta pregunta la conocemos ya, pues la evidencia acumulada en EEUU y también en España es que, en un momento de gran recesión y elevado desempleo, la mejor manera de estimular la economía es creando empleo. ¿Pero dónde crear empleo? La respuesta en EEUU, que da el equipo económico encargado del estímulo económico de la Administración Obama, dirigido por el Vicepresidente Biden, es crearlo donde se necesita más y donde pueda crearse empleo más rápidamente. Y ahí el estado del bienestar juega un papel clave, pues es la dimensión del estado donde debiera crearse más empleo. Esta observación es particularmente relevante para España, donde el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancias, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social y otros), es el más bajo de la UE-15 (ver sección Estado del Bienestar, en mi blog http://www.vnavarro.org/). Pero esta inversión en los servicios del estado del bienestar es tan importante, no sólo para crear empleo, sino también para aumentar la productividad del país.

En España, cuando se habla del estado del bienestar como inversión (y no sólo como consumo), se piensa inmediatamente en educación e investigación y desarrollo. Este entendimiento ha alcanzado un nivel de dogma. Pero es enormemente reduccionista. Hay otras dimensiones del estado del bienestar, además de educación, que son inversiones, incluyendo la protección social. De ahí que, en EEUU, la administración Obama, (que ha enfatizado la vía de gasto público -con un crecimiento de tal gasto equivalente al 5% del PIB-, como manera de estimular la economía) se ha centrado en la creación de empleo en las áreas sociales (y también en las nuevas energías verdes). Esta estrategia traduce también una visión de los servicios del estado del bienestar como inversión y no sólo como consumo.

En España, el estímulo económico ha sido menor, alcanzando un 2% del PIB, un porcentaje bajo (aunque en el resto de la UE ha sido incluso menor). Pero más preocupante que el bajo porcentaje del estímulo es que sólo una parte pequeña de este estímulo se ha dedicado directamente a crear empleo. Los 8.000 millones de euros destinados a las administraciones locales han sido una inversión en la creación de empleo (se han creado directa e indirectamente 421.000 puestos de trabajo), lo cual es positivo, pero insuficiente. Se deberían gastar unos porcentajes mucho mayores del PIB en este tipo de inversiones, incluso a costa de incrementar el déficit. Se está dando excesiva importancia al objetivo de reducir el déficit. Tal reducción retrasará enormemente la recuperación económica. Intentar que los déficits se reduzcan al 3% del PIB en tres o cuatro años es una receta de suicidio económico. En este momento de enorme crisis hay que aumentar el gasto público en crear empleo y corregir el enorme déficit social de España, invirtiendo en su protección social, incluyendo servicios públicos al estado del bienestar.

La famosa flexiguridad de los países nórdicos (de clara tradición socialdemócrata) se basa precisamente en una extensa protección social –transferencias y servicios públicos- que da seguridad al trabajador. El promedio de gasto en protección social en aquellos países es un 32% del PIB. En España es sólo un 20% del PIB. La flexibilidad laboral necesaria para la eficiencia económica no se conseguirá, como la patronal y la banca (incluyendo el gobernador del Banco de España) están reclamando mediante la desregulación de los mercados de trabajo que se caracterizan por su escasa protección social. Inseguridad no crea flexibilidad. Crea miedo y resistencia. De ahí que, para conseguir flexibilidad, se requiera una mayor inversión en protección social, alternativa no considerada por aquellos agentes e instituciones. Se está ignorando, en los círculos económicos del país, que la productividad en un país y su eficiencia económica dependen en gran manera de su cohesión social. Incluso el informe Davos (el Vaticano del pensamiento liberal) sobre la competitividad señala a los países nórdicos como unos de los países más eficientes y competitivos en Europa, pero sus seguidores en España parecen todavía no entenderlo. Considero sorprendente que en la reciente reunión de los ex Ministros de Economía y Hacienda, para discutir como salir de la crisis, ninguno de ellos acentuó este aspecto clave, viendo el gasto social más como un consumo que como lo que es, una inversión.

VICENÇ NAVARRO, es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía en la Universidad de Barcelona.
http://www.vnavarro.org/

domingo, 4 de octubre de 2009

Prometer la Luna es estupendo,... desde la oposición


Los dirigentes de todos los países del mundo se apremian en anunciar que "lo peor de la crisis ya ha pasado" para motivar el subjetivo -y necesario- optimismo con el que estimular -objetivamente- la economía. Por supuesto, también, con ello alejar la negra sombra de la desconfianza electoral. En todo momento, está la urgencia de establecer medidas eficaces aunque impopulares para -de verdad- salir de la crisis dejando los menores "daños colaterales" posibles.
En España, nos encontramos que aunque la mayoría de las competencias están transferidas a las comunidades autónomas, y por tanto deberían ser ellas las que de forma coordinada adoptaran las iniciativas principales para salir de la crisis, todas parecen haber abdicado de su responsabilidad y liderazgo ejecutivo frente al Gobierno Central. Como decía un amigo: "siempre habrá un tonto que lo pague,...". Y, en este caso, el echarle la culpa al gobierno socialista de Zapatero de cuanto negativo acontece en este país tan peculiar en que vivimos, se ha convertido en todo un deporte autonómico, y local.
De esta forma, la de hoy es una estupenda época para estar en la oposición política a nivel estatal y, a nivel autonómico, llega a ser nauseabundo el nivel de nepotismo y corrupción con que se ejerce el poder político en el cortijo particular. En la Región de Murcia, sólo el eficaz control escénico y mediático de la ciudadanía por parte del gobierno de Valcárcel puede explicar que el estar a la cola en todos los indicadores de progreso y bienestar de este país, tenga como resultado el dominio aplastante de una clase política inútil y chulesca.

Nunca prometer la Luna desde la oposición estatal, y despejar responsabilidades desde los gobiernos autónomos, fue tan fácil como ahora. Gobernar nunca lo es. Mucho menos si se piensa en los más desprotegidos, y no tanto en las grandes cifras. Lo del FMI ejerciendo de experto en diagnósticos y soluciones a esta crisis que no sólo no previeron, sino que contribuyeron con sus recetas neoliberales, me produce una mezcla entre la náusea y la indecencia. Si, además, no se priorizan los daños colaterales resulta más fácil simplificar los mensajes, crear incertidumbres, y socavar aún más la escasa confianza del gobernante de turno.

En estos momentos, estar en la oposición en cualquier país, es un plus añadido de "mejores expectativas de salida a la crisis económica" que las que llevan a cabo cualquiera de los gobiernos actuales -sea cual sea su ideología, y en cualquier país del mundo-.
Vender milongas electorales con las que engatusar a los votantes es una opción de estrategia electoral, pero incompatible con la lectura objetiva, comprometida y responsable, de esta situación tan compleja. La lentitud de los brotes verdes, pasa factura a cualquier dirigente. Merkel ha ganado en Alemania, porque sus rivales socialdemócratas estaban atados de pies y manos y eclipsados con las políticas conservadoras en el gobierno de "Gran Coalición". De haber estado ejerciendo la oposición, podrían haber prometido también la Luna. Como otros,...
PD.: Viñeta de Peridis, en ElPaís.com

martes, 23 de junio de 2009

¿Viramos a estribor, capitán?

Dos datos. Dos noticias. Dos reacciones. Dos respuestas. Justo en un día marcado por un fuerte envite neoliberal camuflado de soluciones para la gestión de la vergonzosa crisis financiera mundial.

Una. Nada menos que el Presidente del Banco Central Europeo conmina a España a que abarate el despido y que haga una reforma laboral, y no precisamente para apoyar económica ni socialmente a los millones de parados a los que la crisis fruto de la avaricia y de la especulación financiera e inmobiliaria ha eliminado del mercado laboral. No.

Como es lógico y coherente con su ideología, este lumbreras de la Economía -que, como otros fue tan avispado de saber que alguien había fumado, cuando la ceniza rebosaba por la azotea-; este profeta del día después, se atreve a aventurar cuál es la mejor solución para sacudirnos la ceniza de encima. Y, no os podéis imaginar lo revolucionario de sus propuestas: ¡¡que la crisis la paguen los trabajadores!!, Claro. Aún no puedo levantarme de la sorpresa que me ha dado este "experto librepensador". Su colega del Banco de España, no le va a la zaga, y es que cada cuál defiende su cortijo y a sus colegas de cartas. Por cierto, cada vez me gusta más que Fernández Ordoñez se vaya soltando la lengua. Si somos inteligentes, lo usaremos de faro para marcar nuestro rumbo, a su izquierda, claro. La pregunta es: ¿Se despertarán los gurús de la estrategia de comunicación en el PSOE potenciando estos tics para impulsar nuestro discurso o seguiremos con merengadas? ¡¡Más contundencia, capitán!!

La otra noticia que quiero resaltar, es el acuerdo al que parece querían llegar PSOE e IU-ICV, para hacer más proporcional la fiscalidad. Es decir, que quien más tiene pague más, que por otro lado sería algo totalmente revolucionario si viniera del PP, pero los de la gaviota no estan por la labor, como es lógico.

En lo que he estado redactando este post, se ha difuminado -al menos mediáticamente- esta enmienda de izquierdas en el Congreso de los Diputados. Todo apunta a que no necesitamos la oposición de derechas para cargarnos la alegría en la casa del pobre de izquierdas. Los palos en las ruedas nos los ponemos nosotros mismos. Menos táctica, y más rumbo, coño.

domingo, 21 de junio de 2009

¿Sin iniciativa?

Desde fuera de los ámbitos políticos se entiende muy bien el distanciamiento del normal de los ciudadanos para con la clase política. Es muy difícil comprender que prevalezcan los debates sobre las vergüenzas, lujos y trapicheos de los políticos, por encima de los esfuerzos y los acuerdos sobre temas fundamentales.

Es cierto: la derecha ha ganado de largo la batalla de la comunicación política. Hace mucho. ¿Y,... qué se hace al respecto desde la izquierda?

La crispación no nace, se hace; se abona y se fomenta porque interesa y da ventajas. ¿Quién o cuándo se desfacerá el entuerto comunicativo en la izquierda?. ¿Se conseguirá alguna vez la pócima mágica para atraer la adhesión y simpatía de los ciudadanos, en su mayoría de clase media o baja, a las propuestas de izquierda de los partidos de izquierda? ¿Lo veremos?

Estas simplezas que expongo me vienen tras leer la aparente "tabla rasa" que se expresa en el Editorial del diario ELPaís, de hoy domingo, con respecto a las medidas y actuaciones frente a la crisis de los dos partidos mayoriarios. Después de haber propuesto y desarrollado medidas desde el gobierno, y criticado y vaticinado el apocalípsis -sin aportar nada- desde la oposición, ¿Cómo es posible que la percepción pública sea de "Tabla rasa"?
Ya se sabe, en tiempos de crisis, pisar el acelerador... mediático. ¿Pudor?

Sin iniciativa

Gobierno y oposición están eludiendo sus respectivas responsabilidades frente a la crisis

ElPaís.com, 21/06/2009

La crisis económica que ha elevado el paro hasta cifras que rondan los cuatro millones, que puede situar el déficit público cerca del 10% y contraer el PIB en más del 3%, está revelando, además, las insuficiencias del liderazgo político en España. Desde que en agosto de 2007 -pronto hará dos años- se manifestaron los primeros signos de la que ya pasa por ser una de las mayores recesiones de la historia, los líderes y los partidos han trasmitido la impresión de que se preocupan más por encontrar los flancos electorales del adversario que por tomar la iniciativa para paliar la dura realidad que tiene enfrente el país. La campaña de las recientes elecciones europeas dio la medida de hasta qué punto unos y otros han interiorizado que la política se reduce a una lucha entre profesionales del poder, olvidando la dimensión más importante y la que la hace imprescindible: convocar la voluntad mayoritaria de los ciudadanos en torno a una estrategia dirigida a medirse con la realidad y no sólo con los restantes partidos.

El modo de gobernar que ha desarrollado Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo se apoya en una paradoja. Mientras que, por un lado, ha acentuado los rasgos presidencialistas de su mandato hasta convertir el Consejo de Ministros en un simple órgano consultivo, por otro ha venido transfiriendo la responsabilidad de las decisiones más comprometidas a los expertos o a los agentes que pueden resultar afectados por ellas. Así ocurrió, entre otras, con las reformas estatutarias, y así está volviendo a suceder ahora con ocasión del pacto social entre patronal y sindicatos. El papel del Gobierno no puede limitarse a instar el acuerdo, sino que está obligado a adoptar un papel activo y a presentar las líneas maestras sobre las que debe discurrir la negociación. Lo contrario equivale a eternizar las conversaciones, poniéndolas en riesgo. De paso, convierte al Gobierno en una institución subsidiaria de la patronal y los sindicatos, sólo encargada de sancionar los acuerdos que puedan alcanzar.

Pero tampoco la oposición se ha mostrado dispuesta a asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde. Frente a la crisis, el Partido Popular se ha instalado en un discurso que reposa en la predicción catastrófica y que repite como un mantra la necesidad de regresar a las políticas que aplicó desde el Gobierno. Ni la gravedad de la situación interna e internacional es comparable a la que vivía España en 1996 ni las recetas de entonces sirven ahora. Entre otras razones porque fueron esas recetas las que sentaron en gran medida las bases de las actuales dificultades y porque en estos momentos el principal problema de la economía española no es la inflación, sino la sombra de la deflación. Y también porque volver a las recetas de 1996 supondría alejar a nuestro país del consenso fraguado entre las principales economías del mundo para hacer frente a la crisis, obligándonos a una incierta travesía en solitario.

martes, 10 de febrero de 2009

Obama culpa a los bancos de la crisis, y solicita 839.000 millones de dólares al Senado

Mientras Rajoy le pide a Zapatero, en el Congreso de los Diputados, la reducción del gasto público, Obama consigue que el Senado de EEUU apruebe el plan de estímulo de 839.000 millones de dólares de gasto público. Aquí en España, el presidente Zapatero puso en marcha el PlanE hace unas semanas, con el que se persiguen los mismos objetivos que Obama.

La profundidad de la crisis en los USA es de tal calibre que -además de los millones aprobados durante el inefable mandato del impresentable George W. Bush- el plan de rescate financiero de EEUU podría rondar los dos billones de dólares.

Por cierto, Rajoy volvió a decir que Zapatero es el coco, y que debe cambiar su política económica. Don Mariano ha vuelto a repetir las mismas petulancias de corte neocon que ya no siguen, ni sirven ni en los EEUU. El propio Obama ha vuelto a cargar en los bancos la responsabilidad de esta crisis. Las recetas del PP -por decir algo- se resumen en lo de siempre: reducir el gasto público, bajar impuestos, y abaratar el despido. Me suena de algo.

¿Se entera Rajoy de la que está cayendo a nivel mundial? ¿Sabrá que Bush ya no gobierna, y que sus políticas han sido las responsables de esta catástrofe? ¿Y aún quiere que se apliquen en España? Con la que le está cayendo en su partido, es normal que no tenga tiempo para ponerse al día. Su discurso ha sonado a "Canto del Cisne". Pobre.

lunes, 2 de febrero de 2009

"Metidos en un lío", por Paul Krugman

Hoy domingo, 1 de febrero, vuelve a publicar ElPaís.com un nuevo artículo de Paul Krugman. En él se muestran algunas de las dudas que le surgen al reciente Premio Nobel de Economía 2008, sobre las acciones a desarrollar para superar de la mejor forma posible la actual crisis económica. Este es el artículo completo:

Metidos en un lío
PAUL KRUGMAN, en ElPaís.com 01/02/2009

Como cualquiera que preste atención a las noticias empresariales y financieras, estoy en un estado de enorme ansiedad económica. Como cualquier persona de buena voluntad, esperaba que el discurso inaugural del presidente Obama resultase tranquilizador, que indicase que la nueva Administración tiene las cosas bajo control. Pero no fue así. Terminé el martes menos confiado respecto al rumbo que va a seguir la política económica de lo que lo estaba por la mañana.

Para dejar las cosas claras diré que en el discurso no había nada malo que llamase especialmente la atención, aunque para quienes todavía esperan que Obama allane el camino hacia una atención sanitaria universal resultó decepcionante que sólo hablase del coste excesivo de la sanidad, sin mencionar ni una sola vez la precaria situación de quienes no tienen seguro médico o están escasamente cubiertos por él.

Uno también esperaba que a los redactores del discurso se les hubiese ocurrido algo más inspirador que un llamamiento a una "era de responsabilidad", lo cual, hablando en plata, es lo mismo que proclamó el ex presidente George W. Bush hace ocho años.

Pero la verdadera pega que le encuentro al discurso, en materia económica, es su convencionalismo. En respuesta a una crisis económica sin precedentes -o, más exactamente, una crisis cuyo único precedente real es la Gran Depresión-, Obama ha hecho lo que hace la gente de Washington cuando quiere parecer seria: ha hablado, de forma más o menos abstracta, sobre la necesidad de tomar decisiones difíciles y no doblegarse ante los intereses particulares.


Eso no es suficiente. De hecho, ni siquiera está bien. Así, en su discurso, Obama ha atribuido la crisis económica en parte a "nuestro fracaso colectivo a la hora de tomar decisiones difíciles y preparar al país para una nueva era", pero no tengo ni idea de a qué se refiere. Ésta es, en primer lugar, una crisis provocada por un sector financiero fuera de control. Y si no hemos sido capaces de controlar ese sector no ha sido porque los estadounidenses, "colectivamente", se hayan negado a tomar decisiones difíciles; los ciudadanos estadounidenses no tenían ni idea de lo que estaba pasando, y la mayoría de la gente que lo sabía pensaba que la liberalización era una idea estupenda.

O fíjense en esta frase de Obama: "Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, ni nuestros bienes y servicios menos necesarios de lo que lo eran la semana pasada o el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad sigue intacta. Pero el tiempo de resistirnos a los cambios, de proteger intereses limitados y de posponer las decisiones desagradables, ese tiempo, sin duda, ha pasado".

Es casi seguro que la primera parte de este párrafo pretendía parafrasear las palabras que escribió John Maynard Keynes cuando el mundo se hundía en la Gran Depresión, y ha sido un gran alivio, tras décadas de denuncias maquinales del Gobierno, oír a un nuevo presidente expresar respeto por Keynes. "Los recursos de la naturaleza y los inventos de los hombres", escribía Keynes, "son exactamente igual de ricos y productivos que antes. El ritmo de nuestro avance hacia la resolución de los problemas materiales de la vida no es menos rápido. Somos tan capaces como antes de proporcionar un buen nivel de vida a todo el mundo... Pero ahora nos hemos metido en un lío enorme, después de habernos equivocado gravemente a la hora de controlar una máquina delicada cuyo funcionamiento no comprendemos".

Pero hay algo que se ha perdido por el camino. Tanto Obama como Keynes afirman que no estamos haciendo uso de nuestra capacidad económica. Pero la revelación de Keynes -la de que estamos en un "lío" del que es necesario salir- ha sido sustituida de algún modo por las frases de rigor de que esto es culpa de todos nosotros y de que tenemos que ser severos con nosotros mismos.

Recuerden que Herbert Hoover no tenía problemas para tomar decisiones desagradables: tenía el valor y la firmeza necesarios para recortar drásticamente los gastos y subir los impuestos frente a la Gran Depresión. Desgraciadamente, eso sólo sirvió para empeorar las cosas.

Con todo, un discurso no es más que un discurso. No cabe duda de que los miembros del equipo económico de Obama comprenden la naturaleza extraordinaria del lío en el que estamos metidos. Así que puede que el tono del discurso del martes no indique nada sobre la futura política de la Administración de Obama.

Por otra parte, Obama es, como su predecesor ha dicho, el que decide. Y va a tener que tomar algunas decisiones importantes muy pronto. En concreto, va a tener que decidir lo audaces que van a ser sus pasos para mantener en pie el sistema financiero, cuyas perspectivas han empeorado tan drásticamente que un número sorprendente de economistas, no todos especialmente progresistas, sostienen ahora que la solución de la crisis tendrá que pasar por una nacionalización temporal de algunos bancos importantes.

De modo que ¿está Obama preparado para eso? ¿O eran los tópicos de su discurso inaugural una señal de que va a esperar a que la sabiduría convencional termine por ponerse a la altura de los acontecimientos? Si es así, su Administración se va a encontrar con que se está saliendo peligrosamente de la curva.

Y no es así como queremos ver al nuevo equipo. La crisis económica empeora y se vuelve más difícil de resolver a medida que pasan las semanas. Si no actuamos pronto de forma contundente, puede que nos veamos metidos en el lío durante mucho tiempo.


Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. Traducción de News Clips. © New York Times News Service, 2009

domingo, 18 de enero de 2009

"Ideas para Obama", por Paul Krugman


Estamos a apenas dos días de la histórica toma de posesión de Obama como presidente de los EEUU. Muchas son las ilusiones que se han despertado con su triunfo el pasado mes de noviembre. Muchas serán también las dificultades. El aún presidente electo reclama la unión para recuperar la esperanza del cambio. Precisamente lo delicado de la situación permitirá al nuevo presidente realizar los cambios que considere oportunos. Veremos hasta dónde es capaz de llegar con su "Chage we can believe in". A grandes expectativas, grandes frustraciones. Pero, en tiempos de crisis es cuando más necesaria se hace la ilusión. Y ningún político ha conseguido despertar tanta ilusión y esperanza de cambio como Barack Hussein Obama, en las últimas décadas. Todos estamos deseando que se ponga a trabajar. Ya habrá tiempo de criticarle.
Acompaño un nuevo artículo del Premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman. Su título es "Ideas para Obama", publicado hoy domingo 18/01/2009, en ElPaís.com. Es el siguiente:

Ideas para Obama, Paul Krugman

La semana pasada, al presidente electo Barack Obama le pidieron que respondiese a los escépticos que afirman que su plan de estímulo no bastará para ayudar a la economía. Obama respondió que quiere oír ideas sobre "cómo gastar dinero de manera eficiente y eficaz para hacer que arranque la economía". Pues bien, entraré al trapo, aunque como explicaré en breve, la metáfora del "arranque" es parte del problema.

En primer lugar, Obama debería descartar su propuesta de dedicar 114.000 millones de euros a subvenciones fiscales a empresas, lo cual no ayudaría mucho a la economía. Lo ideal sería que desechase también el recorte propuesto de 114.000 millones de euros en impuestos sobre la renta, aunque soy consciente de que fue una promesa electoral.

El dinero no despilfarrado en recortes de impuestos inútiles podría usarse para proporcionar más ayuda a los estadounidenses con problemas: aumentar las prestaciones de desempleo, ampliar el Medicaid [asistencia médica a personas sin recursos] y más. ¿Y por qué no iniciar ya las subvenciones para seguros -probablemente a un ritmo de 75.000 millones de euros o más al año- que serán esenciales si queremos una atención sanitaria universal?

Pero lo principal es que Obama necesita ampliar su plan. Para entender por qué, echen un vistazo a un nuevo informe de su propio equipo económico.

El sábado 10 de enero, Christina Romer, futura directora del Consejo de Asesores Económicos, y Jared Bernstein, que será economista jefe del vicepresidente, publicaban cálculos sobre lo que se conseguirá con el plan económico de Obama. Su informe es razonable e intelectualmente honrado, un cambio que se agradece después de las farragosas matemáticas de los últimos ocho años. Pero también deja claro que el plan se queda muy escaso respecto a lo que la economía necesita.

De acuerdo con Romer y Bernstein, el plan de Obama alcanzará su máximo impacto en el cuarto trimestre de 2010. Proyectan que, sin el plan, la tasa de desempleo en ese trimestre sería de un desastroso 8,8%. Pero incluso con el plan, el desempleo sería del 7%, aproximadamente como en la actualidad.

En el informe se afirma que, después de 2010, los efectos del plan desaparecerán rápidamente. Sin embargo, la tarea de impulsar la plena recuperación no quedaría rematada: la tasa de desempleo se mantendría en un doloroso 6,3% en el último trimestre de 2011.

Es cierto que la previsión económica es una ciencia inexacta, en el mejor de los casos, y las cosas podrían ir mejor de lo que predice el informe. Pero también podrían ir peor. En el informe se reconoce que "algunos analistas particulares prevén que las tasas de desempleo llegarán al 11% si no se toma ninguna medida". Y yo coincido con Lawrence Summers, otro miembro del equipo económico de Obama, que recientemente declaraba: "En esta crisis, hacer demasiado poco plantea una mayor amenaza que hacer demasiado". Por desgracia, ese principio no se refleja en el plan actual.

¿Cómo puede entonces Obama hacer más? Incluyendo en su plan mucha más inversión pública, lo cual será posible si adopta un punto de vista más a largo plazo.

El informe de Romer y Bernstein reconoce que "un dólar de gasto en infraestructuras es más eficaz para crear puestos de trabajo que un dólar de rebajas fiscales". Sin embargo, sostiene que "en un marco temporal corto, la inversión pública que puede efectuarse con eficacia tiene un límite". ¿Pero por qué tiene que ser corto el marco temporal?

Por lo que yo sé, los planificadores de Obama se han centrado en proyectos de inversión que impulsarán el empleo sobre todo a lo largo de los próximos dos años. Pero dado que es probable que el desempleo siga siendo elevado mucho más allá de esa ventana de dos años, el plan debería incluir también proyectos de inversión a más largo plazo.

Y hay que tener en cuenta que incluso un proyecto que surta su mayor efecto en, pongamos, 2011, puede proporcionar un significativo respaldo económico en años anteriores. Si Obama abandona la metáfora del "arranque", si acepta el hecho de que necesitamos un programa plurianual más que un efímero brote de actividad, puede crear muchos más puestos de trabajo mediante la inversión pública, incluso a corto plazo.

Aun así, ¿no debería Obama esperar una prueba de que hace falta un plan de miras más anchas y a más largo plazo? No. Ahora mismo la parte del plan de Obama relativa a la inversión está limitada por una escasez de proyectos listos para empezar de inmediato. Si Obama da su visto bueno ahora, podría haber en marcha mucha más inversión para finales de 2010 o 2011; pero si tarda mucho en decidirse, esa oportunidad habrá desaparecido.

Una cosa más: incluso con el plan de Obama, el informe de Romer y Bernstein predice una tasa de desempleo media del 7,3% en los próximos tres años. Es un porcentaje que da miedo, suficientemente elevado como plantear un verdadero riesgo de que la economía estadounidense quede atrapada en una trampa deflacionaria como la de Japón.

Por lo tanto, mi consejo al equipo de Obama es que se olviden de rebajar los impuestos a las empresas y, lo más importante, que afronten la amenaza de hacer demasiado poco haciendo más. Y la forma de hacer más es dejar de hablar de arranques y contemplar con más amplitud de miras las posibilidades para la inversión pública.
Paul Krugman es columnista del diario 'The New York Times'. Traducción de News Clips. © New York Times News Service, 2009. En ElPaís.com

lunes, 22 de diciembre de 2008

Mentiras, más mentiras, y sinvergüenzas


Estamos en un Mundo virtual? Una Economía virtual? No, o sí. Quién sabe ya a estas alturas,... Vaya sarta de mentiras que nos hemos ido tragando. La economía es así. ¿Es así? Expectativas, le llaman. Hasta que no se destapó el pastel, no se ha sabido de qué era el pastel.

El ingenioso economista jubilado, Leopoldo Abadía, lo explicaba claramente hace unos días en el programa de BuenaFuente. "La única condición para llevar a cabo todo esto, es ser unos SINVERGÜENZAS". Se dice de Bernard Madoff, que "estafó al universo", o que "engañaba a los ricos". Menudo tinglado tenía montado este "Robin Hood postmoderno". Pues eso. Dicen de este mago de las finanzas, que era una leyenda para entendidos en el mundo de los fondos de inversión, y que su éxito se basaba en su habilidad, el exceso de confianza de sus millonarios clientes y el pésimo control de los reguladores.

Y qué a gusto estaban algunos ricos riquísimos creyendo que compraban duros a cuatro pesetas. ¡Hasta los impolutos del COI!. A veces, uno recibe lo que se merece. Y no me refiero sólo a este listillo de la beautifull. La avaricia y la codicia de muchos, hacen posible que existan tipos y tramas como éstas.

Para evitar que existan estos golfos apandadores se reclama, paradógicamente, la extensión y el fortalecimiento de lo público. La única solución a este colapso ultra capitalista, está siendo precisamente la estatalización de la economía. Menuda paradoja. Lo contrario, el neoliberalismo desvergonzado, sólo nos ha llevado a este estado crítico y de desconfianza total. ¿Será por eso por lo que Sarkozy vuelve a pedir una "reforma urgente" del capitalismo? Parece de sentido común.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Crisis Postmoderna

La guerra del tiempo. Ganar tiempo es lo que se demanda para atender la previsible caída de todo el tinglado. ¿Caída sobre quién? Sobre los de siempre. Algunos bien acomodados se creen al margen de las repercusiones negativas de esta crisis, sin precedentes. Una crisis postmoderna, en toda regla. Sin embargo, de esta no se salva ni el Santander, que apriori era uno de los "beneficiados" de esta situación internacional. La que está cayendo no es nada para lo que aún podría caer. En el post anterior ya lo comentaba, -aunque no era la única vez que lo hacía por aquí-, China está resfriada. Ojito con la "nueva versión de esta gripe asiática".

Ante esta situación, sobran los que piensan que "a río revuelto, ganancia de pescadores". Ser cautelosos y críticos con las medidas a adoptar, no puede convertirse en una estrategia de especulación para lograr intereses espúreos. Ahora toca arrimar el hombro. Ayuntamientos y comunidades autónomas. Empresas, sindicatos y trabajadores. Partidos políticos y ONGs. No más especuladores. Pero, no perdamos el sentido de la solidaridad. Esta crisis es diferente, y si todos hemos de arrimar el hombro, que no ganen los de siempre. Eso ha sido, principalmente, la causa de todo este descalabro. Debemos ganar todos. Un pueblo, una región, un país, un mundo mejor. Para todos. Con todos.
Vuelvo a acompañar un extracto del nuevo artículo de Paul Krugman, publicado hoy en el diario ElPaís.com. Es el siguiente (para verlo completo):

La insensible guerra europea
PAUL KRUGMAN 21/12/2008

Esta es la situación: la economía se enfrenta a la peor depresión que ha sufrido en décadas. La respuesta habitual a una crisis económica, recortar los tipos de interés, no está funcionando. Las ayudas gubernamentales a gran escala parecen la única forma de parar la caída en picado de la economía. Pero hay un problema: los políticos conservadores, aferrándose a una ideología pasada de moda, y puede que apostando [equivocadamente] por que sus electores están relativamente mejor situados para capear el temporal, están impidiendo que se tomen medidas.
(...) Los problemas más graves se dan en la periferia europea, donde numerosas economías más pequeñas están experimentando crisis que recuerdan mucho a las pasadas crisis de Latinoamérica y Asia: Letonia es la nueva Argentina; Ucrania es la nueva Indonesia. Pero el dolor ha llegado a las grandes economías de Europa occidental: Reino Unido, Francia, Italia y la mayor de todas, Alemania.
(...) Los países europeos están en una situación muy parecida. Cualquier gobierno que actúe de forma unilateral se enfrenta a una posibilidad considerable de contraer una enorme deuda sin crear demasiados puestos de trabajos en el país en cuestión.

(...) Pero no es posible tener un esfuerzo europeo coordinado si la economía más grande de Europa no sólo se niega a participar, sino que además menosprecia los intentos de sus vecinos por frenar la crisis.

(...) Pero en Europa, como en Estados Unidos, el problema es el tiempo. En todo el mundo las economías se hunden con rapidez mientras esperamos que alguien, cualquiera, proponga una respuesta política eficaz. ¿Cuántos destrozos más habrá antes de que esa respuesta llegue al fin?

Paul Krugman es Premio Nobel de Economía 2008, y columnista del diario The New York Times. Traducción de News Clips. (c) New York Times News Service, 2008, para ElPaís.com.

¡Ojito, China está resfriada!

Ojito con el "resfriado" de China. Su papel en el mundo, no es sólo producir en condiciones de semi explotación. Su magnitud internacional, no es sólo económica. Un resfriado en China, nos lleva al médico al resto. Su fiebre puede ser una maldición para el resto de países. China, ya no es un país allí a lo lejos. Si la economía va bien, China va estupendamente. Pero, ojito, con la crisis. Los movimientos demográficos en los últimos años, son de magnitud proporcional al gigante asiático. La población rural se reduce. Los suburbios se multiplican. Los pedidos bajan. Las fábricas se cierran. El paro aumenta. Las revueltas sociales aumentan. La represión aumenta. La necesidad de "distraer" a la plebe, se hará imprescindible. ¿Se atreverá con alguna acción bélica exterior?

Tras 30 años de crecimiento imparable, el gigante chino puede frenarse en seco. En una interesante entrevista del diario ElPaís, Minxin Pei, Director del Programa de China en la Fundación Carnegie, afirma que "
El Partido Comunista se romperá si sigue cayendo la economía". A continuación acompaño el inicio del artículo de José Reinoso, corresponsal de ElPaís, en Pekín, en el que nos cuenta la situación en un artículo publicado hace unos días, en ElPaís.com.

La crisis amenaza las reformas en China
Los chinos protestan contra el paro 30 años después de la apertura de Deng Xiaoping
JOSE REINOSO - Pekín - 18/12/2008 .

Un día como hoy, hace 30 años, comenzó en Pekín el Tercer Pleno del 11º Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh), liderado por Deng Xiaoping. China acababa de dejar atrás la trágica Revolución Cultural, el movimiento lanzado por Mao Zedong en 1966 para avivar el espíritu revolucionario y deshacerse de sus rivales políticos, y que sólo terminó con su muerte, en 1976. El 22 de diciembre, finalizaba el cónclave de cinco días, y Pekín iniciaba el proceso de Reforma y Apertura, la mayor transformación económica y social que ha vivido un país en la historia de la humanidad. Tres décadas después, China se encuentra en un momento crucial, y afronta grandes desafíos, acrecentados por la actual crisis económica, bajo el Gobierno único de un PCCh aferrado al poder. (
Leer artículo completo)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La avaricia rompe el saco, O de las pifias de la gente guapa

A cada paso que sabemos más, sabemos menos. La avaricia ciega los ojos, y dispara la fantasía. Ahora está de moda un tal "Madoff". Madoff, atraía a la gente guapa de todo el mundo. Este mago de las finanzas llevaba años haciendo ganar más a los que más tenían. O eso creían. Los listos y ricos a él acudían, para colmo de la avaricia. De mi/nuestro dinero público, ni un euro. Que lo paguen ellos. Menudo tinglado tenían entre unos y otros montado. Un gran castillo de naipes. Todo fantasía. Ni la tuneladora de Gallardón hubiera dejado todo tan hueco. La ética y la profesionalidad han brillado por su ausencia. Nadie controlaba nada. Menuda gentuza.

Mucho me temo que el espectáculo del esperpento no ha terminado. Nos seguiremos enterando de más pifias,... Al tiempo. Esta vez, ni el Santander, ni el BBVA, se librarán del sopor. La reputación de algunos, por los suelos. Según dicen, la gente que invertía en este castillo de naipes era gente que conocía el riesgo. Pues eso. Si querían riesgo, que no lloren. Joaquín Estefanía, relata con claridad este nuevo pluff financiero. Esta vez de gente "muy distinguida". Espero que ni un céntimo de todos se utilice para arreglarlo. Al parecer, de los 37.000 millones de euros estafados, el 10% es de gente rica española. Una vez más, la avaricia rompe el saco. Espero que para algunos sea una cura de humildad. Dinero fácil. ¿Y si hubieran dedicado el dinero para crear riqueza, y sobre todo, empleo en España? Por cierto, ¿estarían declaradas esas cantidades, o se tratará como cuando se las llevaban a Suiza?